La violencia en el Sistema Educativo Costarricense se ha hecho más que evidente en los últimos años. Cuando se habla de violencia en las aulas, cada uno se imagina algo diferente, un jalonazo de pelo, una patada, un empujón o una discusión entre una pareja peleándose una chiquita. Esto era en el pasado. Ahora los estudiantes hablan y actúan diferente, con mucho más violencia tanto física como psicológica.
Hace meses y casi años hemos visto noticas al respecto. Donde algunos estudiantes no dudan en introducir armas blancas y hasta de fuego al colegio o escuela ni tampoco dudan en usarlas contra sus compañeros. Hay muchos ejemplos de estos en Internet, debido a que otros estudiantes los graban con sus celulares y los suben a las redes sociales o Youtube, alimentando el morbo de los cibernautas.
Meses atrás llegó el acabose de la violencia en las aulas cuando un estudiante acabó con la vida de la directora de un centro educativo privado, Nancy Chaverri (q.d.D.g), este acto criminal ha venido a representar el clímax de los problemas que tiene el sistema educativo en disciplina y conducta. Este evento tan desafortunado se llevó a cabo en el Colegio Montebello localizado en Heredia y muestra las deficiencias que tiene el sistema e igualmente es un llamado de atención para las autoridades ministeriales que hasta el momento han hecho nada o muy poco al respecto.
El asesinato de esta educadora debería ser una llamada de atención para el Ministerio de Educación Pública y otras instituciones. Ya deberían de darse cuenta que los educadores no son los culpables de todo, que no son los que provocan estas situaciones, los reales culpables están en casa, en la calle, en la suciedad misma, digo sociedad. Los culpables de estas acciones se llaman; desintegración familiar, violencia doméstica, drogas, falta de valores y sobre todo falta de Dios, falta de esa relación espiritual que da paz a las personas. Todo este combo de problemas sociales que aquejan nuestros hogares se manifiestan en diversos puntos de escape, un ejemplo es este hecho de sangre.
Los educadores son los que están más en contacto con esta población pero poco pueden hacer al respecto. Las múltiples leyes que protegen a los niños(as) –que aveces son aplicadas o interpretadas de forma muy sobreprotectora- y la falta de apoyo logístico al docente obstaculizan una acción más efectiva a la hora de actuar al detectar un estudiante con tendencias suicidas.
Para que esta violencia en las aulas termine se necesita de la convergencia de muchos factores. En los colegios de riesgo se necesita de una mayor revisión antes de ingresar a la institución como medida inmediata. Una detección de posibles agresores es imprescindible a la hora de evitar ataques como de la que fue objeto esta directora, y más importante aún es ver las posibilidades de recuperación de estos estudiantes; un tercer paso sería atacar la raíz del problema, o sea, ver y analizar el núcleo familiar de los estudiantes y los posibles traumas que el estudiante tiene y tratar de ayudarlo(a) a superarlos.
En conclusión, tanto las autoridades gubernamentales como todo el pueblo de Costa Rica deberían poner su granito de arena en la recuperación de la paz en las aulas, algo importantísimo para el buen aprendizaje de los alumnos y el correcto proceso de enseñanza. Todos debemos de ser tolerantes con los demás, aprender que la libertad mía termina donde empieza la del vecino y que no deberían hacer nada que no les gustaría que le hicieran. Ahora con este asesinato esperaremos las acciones que tomarán las autoridades y que sean las mejores por el bien de todos.
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